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De nuevo al ruedo

Por: Patricia Garcés
2019-04-09 16:30:01
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Son las 2 am y el insomnio ataca de nuevo. Afortunadamente estos episodios son cada vez más esporádicos y más cortos.

Hace 9 meses prácticamente no podía dormir absolutamente ningún día, le estaba poniendo fin a una relación de 22 años (no saquen cuentas de mi edad) me pase así, sin dormir, semanas… ¿meses?

Pedí consejo a mis amigos de Facebook quienes sugirieron toda suerte de remedios, probé de todo, finalmente lo que me ayudo fue la melatonina (les dejo el tip por si les sirve) pero me estoy desviando del tema…

Escribo esto mientras escucho uno de mis playlists en Spotify, se llama “para cortarme las venas”… muy ad hoc, ¿no? Hace poco leía un artículo en el diario.es que decía que absolutamente todas nuestras relaciones son amorosas, me dejo pensando mucho.

La autora (Coral Herrera) nos dice en su texto: “Todas las relaciones son amorosas, sean románticas o no, sean sexuales o no, sean reales o virtuales. Partiendo de esta idea, los cuidados y la empatía son la base para relacionarse con los demás. Hay que portarse bien y tratar a la gente con respeto y cariño, independientemente de si queremos una cita, o no, si nos gusta o no la otra persona”.

Díganme si no es esta una idea revolucionaria, TODAS nuestras relaciones son amorosas, si: el trato con nuestro vecino, como nos relacionamos con nuestras compañeras, familiares, amigas, conocidos y por supuesto, con posibles parejas sentimentales.

Si partimos de esta premisa, lo obvio seria preguntarnos de que manera afecta un rompimiento con una pareja al resto de nuestras relaciones amorosas.

Es una cosa tremenda, cuando terminas una relación sentimental sales de ahí sin saber quién te atropello y si alguien anoto las placas. No eres la misma persona que entro en esa relación, sales cambiada y a veces pasa que ya no sabes quién eres en realidad, ya no te reconoces.

Tus rutinas, tus hábitos, tus costumbres poco a poco se fueron adaptando y fusionando con la otra persona, no sé si el mimetizarte con una pareja sea evitable, el punto es que al terminar esa relación quedas completamente desamparada, desorientada y tienes que emprender el camino de regreso a ti, como puedas, no estas entera pero tienes que irte recomponiendo en el camino.

Lo más interesante de todo es el hecho de que ya no eres la persona que entro en esa relación, ahora eres alguien…diferente y a veces pasa que ya no tienes ni idea de quién eres y entonces tienes que hacer el trabajo de regenerarte, de redescubrirte, de redefinirte.

¿De qué manera impacta esto al resto de tus relaciones? Creo que depende del “daño” con el que hayas salido de tu anterior relación sentimental.

De pronto puedo pensar en el miedo, miedo a abrir tu corazón de nuevo, miedo a sentirte vulnerable, miedo a mostrarle todas tus cartas a alguien más, miedo a que te decepcionen, miedo a que te hieran, miedo a saber que inevitablemente todo lo que sube tiene que bajar y que nada es para siempre.

Este miedo nos hace actuar de maneras inusitadas y a veces, en nuestro afán de protegernos terminamos hiriendo a los demás, personas que no tienen nada que ver con la herida que estamos tratando de curar terminan pagando los platos rotos.

Es difícil esto de ser adulto y llevar a cuestas todas tus heridas, a veces aunque hagas un esfuerzo consciente no puedes evitar reaccionar cuando alguien oprime algún botón, no puedes evitar protegerte, meterte de nuevo en tu caparazón y sentirte aterrado de solo pensar que te estas poniendo vulnerable y que corres el riesgo de terminar en la lona de nuevo.

Escuchaba un audio libro sobre inteligencia emocional hace poco y ahí mencionaban que todas las decisiones que toma el ser humano están basadas en dos premisas: evitar el dolor o generar placer.

Tiene todo el sentido, vamos por la vida actuando en base a esto, queremos evitar el dolor en la medida de lo posible, abrirnos de nuevo, nos pone potencialmente en una situación dolorosa a futuro.

¿Qué se puede hacer al respecto, entonces? propongo respirar, regresar a nuestro centro, tratar de ser cuidadosas (con nosotras mismas y con los demás), soltar, confiar.

Confiar en la vida y en sus procesos, dar un salto de fe, entregarnos con más alegría y menos miedo a nuevas experiencias (o hacerlo incluso a pesar del miedo), actuar desde el amor en todo momento. Tener la seguridad de que todo es parte de nuestro aprendizaje y pase lo que pase vamos a estar bien.

Voy a estar bien, vas a estar bien.

Y así las cosas.


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Patricia Garcés

Reynosense viviendo en Tijuana. Molestando a la humanidad desde 1976. Me gustan los perros y no entiendo la obsesión de las personas por los gatos, nunca me han dado confianza. 

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