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El duelo

Por: Patricia Garcés
2019-07-15 15:02:10
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Soundtrack para esta columna: “Somewhere Only we Know” de Keane.

I came across a fallen tree
I felt the branches of it looking at me
Is this the place we used to love?
Is this the place that I've been dreaming of?”

 

Los Seres humanos nos la pasamos perdiendo a lo largo de nuestra vida (también ganando, pero ese es tema de otro post), perdemos a otros seres humanos (ya sea porque se van de este plano físicamente o porque deciden alejarse de nosotros por diversas razones), perdemos cosas materiales, perdemos experiencias (reales o experiencias que pensábamos que podríamos vivir), recuerdos, sueños, etc. Etc. Etc.

El hecho de perder algo o a alguien inevitablemente es una experiencia dolorosa, la intensidad de ese dolor dependerá de que tan profundamente nos impacte el evento, de que tan sensibles somos, de que tanta importancia tenía esa persona, vivencia u  objeto en nuestra existencia, del momento de vida que estemos viviendo, de que tanto apoyo real o percibido tenemos, de nuestras herramientas emocionales, entre otras cosas.

La pérdida en ocasiones nos sorprende y se instala en nuestra vida sin previo aviso, a veces la vemos venir y en otros casos somos nosotros mismos quienes la “provocamos”.

El ciclo del duelo* es el ya conocido:

1-Negacion: “Esto no me puede estar pasando a mí”.

2-Enfado, indiferencia o ira: en esta etapa la puedes tomar contra otros o incluso contra ti mismo, cayendo en comportamientos que te deñen como: adicciones, búsqueda de conflictos con otras personas, etc.

3-Negociacion: Intentas, de alguna manera imposible, negociar para que esta perdida no ocurra, ya sea hablando con Dios, ofreciendo algún “sacrificio” a cambio de evadir el evento, o incluso haciéndote el loco un tiempo aun a sabiendas de que tienes que actuar y que no hay nada que puedas hacer para evitar dar el paso.

4-Dolor: Aquí si viene lo bueno mis estimadas y estimados, y dependerá de que tanto estemos abiertos a dejarnos ir y sumergirnos en esta experiencia, habrá quién la trate de evadir o bloquear, ya sea manteniéndose ocupada u ocupado con mil y un proyectos o entrando en una espiral de “diversión” y distracción para evitar sentarse con el dolor de frente.  Déjenme decirles que si no se entregan al dolor y se quieren hacer las locas y los locos, habrá consecuencias de esto más adelante y el duelo nos saldrá hasta por los poros en los momentos menos convenientes, dañándonos a nosotros mismos y a personas que no tienen absolutamente nada que ver con el evento (consejo amigable: ¡vayan a terapia!).

5-Aceptacion: Finalmente doblamos las manitas y entendemos que la vida tal cual la conocíamos valió queso. Llegar a este punto toma un buen tiempo y siempre hay que tener en cuenta que no es lo mismo aceptar que olvidar…nuncamente.

Ahora, después de haber revisado este bonito proceso ahí les va una buena noticia (NOT): resulta que el proceso no es lineal, osease que cuando ya va uno de salida y piensa que medio la va librando, digamos que por ejemplo ya lo vas aceptando, de repente un día te despiertas y estás enojado de nuevo por toda la situación, o te asaltan los recuerdos de lo que fue o lo que pudo haber sido y no puedes evitar ponerte a llorar. Dice una querida amiga que el duelo viene en oleadas, cuando piensas que ya pasó la ola grande de la nada viene otra que te tumba de nuevo.

¿Entonces? Como alguien que ha vivido duelos permítanme darles varios consejos no solicitados: el tiempo es realmente el mejor consejero (nada dura para siempre), permítanse sentir lo que haya que sentir, sean bondadosos con ustedes mismos, no se juzguen ni se exijan (no tiene ningún caso), acérquense a su círculo de apoyo, háblenlo, escríbanlo, llórenlo, vívanlo (no le saquen), vayan a terapia, vayan a terapia, vayan a terapia.

Después de todo ya lo dice el viejo y conocido refrán: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.

Y así las cosas.

 

*Ciclo del duelo de la Dra. Elizabeth Kübler-Ross.



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Patricia Garcés

Reynosense viviendo en Tijuana. Molestando a la humanidad desde 1976. Me gustan los perros y no entiendo la obsesión de las personas por los gatos, nunca me han dado confianza. 

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