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Religiosa se gradúa en el Vaticano con tesis sobre abusos sexuales de curas a monjas

Por: Administración
2019-10-08 23:52:55
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Madrid, 7 de octubre (ElDiario.es).– “Hubo abusos sistemáticos que se mantuvieron en silencio. En distintos países, a lo largo de los años. Nadie hizo nada”. El entrecomillado pertenece a la tesis defendida por Makamtine Lembo la semana pasada ante un tribunal de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, que depende del vaticano. La monja togolesa se ha convertido en la primera experta en dedicar su tesis doctoral a los abusos sexuales a monjas por parte de sacerdotes.

Lembo, miembro del equipo de investigación del Centro por la Protección de Menores de la Universidad Gregoriana, logró la Summa Cum Laude con su investigación, que se basa en el relato de nueve monjas abusadas por sacerdotes en cinco países del África subsahariana. El abuso, el silencio, la culpabilidad, embarazos, abortos. Las experiencias narradas por estas religiosas son de tal intensidad que algunas cuentan incluso que llegaron a intentar suicidarse.

Los ataques sexuales tienen como telón de fondo el abuso de poder de una institución en la que las mujeres –mayoría en la Iglesia– no forman parte del núcleo de decisiones. Así, las religiosas quedan relegadas al servicio del sacerdote u obispo del lugar. Son criadas y, en casos extremos –como los que relata Lembo– esclavas sexuales.

“SE SENTÍAN ATRAPADAS”

“En la mayoría de los casos las hermanas que se quedaban embarazadas –de un sacerdote– abandonaban la congregación” , destaca la religiosa en su investigación, que hace hincapié en el muro de silencio consentido que rodea este y otros casos. Una de las monjas decidió tener el hijo del que se había quedado embarazada por los abusos, de modo que “desapareció” durante un tiempo y, tras el parto, dio al niño en adopción. Después, destaca Lembo, regresó al mismo lugar en el que había sido abusada, al servicio del mismo clérigo.

La conclusión de la experta es que, durante décadas, el desequilibrio de poder entre monjas y sacerdotes llegó a viciar el consentimiento, llegando a extremos como que curas le dieran dinero a religiosas empobrecidas a cambio de sexo. En algunos casos, relata Lembo en su tesis, esto ocurría después de un “cortejo” que duraba años y se convertía en una auténtica persecución. “Las monjas se sentían atrapadas y no podían escapar”, sostiene la investigadora.

En un mundo tan cerrado como el de la Iglesia africana, en el que las religiosas se encuentran en una clara situación de inferioridad respecto al varón, las mujeres que finalmente aceptaban el intercambio de sexo por dinero “compartían un sentimiento de tormento espiritual”. Ese sentimiento, confiesa, fue el que le llevó a comenzar el estudio.

“Después de vivir estas experiencias, las hermanas tienen que seguir viviendo… pero ya no viven”, apuntó Lembo. “Por eso, me dije que teníamos que hacer algo para liberar a estas mujeres, y ayudarlas a tener el coraje de decir ‘No”. Tras la presentación de la tesis, los examinadores elogiaron la valentía de Lembo al señalar a las autoridades religiosas.

“Gracias en nombre de todas las mujeres consagradas del mundo”, dijo Brenda Dolphin, una de las evaluadoras. El movimiento #MeToo en la Iglesia ha realizado una concentración el jueves pasado en la plaza de San Pedro para exigir al Papa y a los obispos –que se reunirán en Sínodo de la Amazonía desde el domingo– plena igualdad entre hombres y mujeres, y que se ponga fin a la violencia clerical contra las religiosas.

“Las mujeres están de pie y hablando en todo el mundo para poner fin a la violencia contra las mujeres en la Iglesia católica. ¡Vamos hermanas!”, destacó Doris Wagner, una de las lideresas del movimiento. Esta exreligiosa denunció haber sido violada por un funcionario vaticano, que fue apartado de su cargo pero posteriormente exonerado por Roma.

“Ha habido casos en los que los sacerdotes abusaron de las monjas y luego las obligaron a abortar”, denuncia Wagner, que aporta datos de un informe de 2007 que ya apuntaba que “el 40 por ciento de las religiosas habían sufrido abuso sexual, el 10 por ciento antes de unirse a la vida religiosa y el 30 por ciento después”.