MILENIO. Se estima que una de cada seis personas en México padece infertilidad. La cifra, que representa prácticamente 16 por ciento de la población en edad reproductiva, va en aumento debido a que las nuevas generaciones postergan la maternidad y la paternidad para edades cada vez más avanzadas y, por ello, enfrentan mayores dificultades para lograr un embarazo.
Sin embargo, para mujeres y hombres también influyen otros factores importantes, como las enfermedades metabólicas, entre ellas el síndrome de ovario poliquístico, así como la exposición —en el ámbito laboral o doméstico— a sustancias químicas, contaminación ambiental, problemas nutricionales, mala alimentación y consumo de alimentos transgénicos.
“La infertilidad es un padecimiento que afecta a hombres y mujeres por igual. En el hombre es muy importante su participación, diagnóstico y tratamiento, al igual que en el caso de la mujer. Es un tema que se debe atender y abordar en pareja”, resaltó Héctor Tomás Chávez, especialista en fecundidad.
Por su parte, el especialista explicó que antes se estimaba que el 75 por ciento de los problemas de infertilidad eran de origen femenino y el restante 25 por ciento, del masculino. Sin embargo, actualmente las cifras están prácticamente equilibradas.
“Del total de parejas que llegan por problemas de infertilidad a la consulta médica especializada, se encuentran alteraciones también en los varones. Esto se ha ido equilibrando y hace que la relación sea uno a uno”, señaló.
Además, indicó que postergar la fertilidad habitualmente tiene que ver con aspectos profesionales, académicos y laborales, mientras que las transformaciones sociales han provocado que el número de hijos disminuya drásticamente.
Hace algunas décadas las parejas tenían hasta diez hijos; posteriormente bajaron a siete o cinco y actualmente tienen dos o tres, a diferencia de Europa, donde muchas parejas apenas buscan tener un hijo.
“Postergar o tener hijos a edades muy avanzadas, de manera biológica o natural, dificulta que se logren los embarazos”, señala el especialista.
En su momento, la planificación familiar estaba relacionada con evitar embarazos no planeados, pero ahora también implica decidir si en un futuro se desea ser madre o padre.
Por ello, una de las alternativas para quienes desean tener hijos después de los 35 años es la preservación de óvulos.
Cuando la infertilidad está asociada con problemas hormonales o endocrinos, como el síndrome de ovario poliquístico, se puede recurrir a técnicas de baja complejidad para estimular la ovulación.
En el caso de los hombres, el manejo con antioxidantes ayuda a mejorar la calidad espermática, además de recurrir a relaciones programadas.
Cuando se trata de procedimientos de mayor complejidad, puede aplicarse la inseminación artificial o la fertilización in vitro.
“Cuando hablamos de técnicas de alta complejidad como la inseminación, no es tan caro realmente, porque la única condicionante es hacer que la mujer ovule y, en el día de la ovulación, preparar una muestra espermática para seleccionar los mejores espermatozoides e introducirlos en el útero. Es un método sencillo, de consultorio y bastante económico”, expresó.
Para tratamientos más complejos o en casos de enfermedades como daño en las trompas de Falopio o alteraciones severas en el esperma, es necesario recurrir a la fertilización in vitro.
“Este tratamiento puede ser costoso para algunas personas, pero es relativo, ya que influye la situación económica de las parejas o la necesidad de otras, para quienes no importa realizar numerosos intentos hasta lograr su objetivo”, destacó Tomás Chávez.
Además, señaló que influye el centro o clínica médica al que acudan los pacientes, ya que en los últimos años se ha incrementado la comercialización de este tipo de procedimientos.
Cuando existen fines meramente lucrativos, hay instituciones excesivamente costosas, aunque también existen otras que buscan atender a todas las personas.
“Es triste ver que hay instituciones privadas, principalmente, que hablan de tasas de embarazo altísimas. Eso es una gran mentira. La probabilidad de éxito en un tratamiento de fertilidad no es de 100 por ciento; depende de los factores alterados en una pareja y del pronóstico relacionado con la edad”, explicó.
Por otro lado, añadió que, si la pareja es joven, la probabilidad de éxito será alta, pero en personas mayores de 40 años disminuye considerablemente.
Algo que influye de manera importante, y que muchos pacientes no atienden, es el peso corporal, principalmente en las mujeres.
Los excesos de peso, el sobrepeso y la obesidad reducen las probabilidades de lograr un embarazo entre 30 y 50 por ciento.
Por ello, recomendó acudir a clínicas serias, donde se evalúe cada caso de manera individual para corregir alteraciones y mejorar las probabilidades de éxito.
Además, consideró fundamental que los pacientes reciban información clara y tomen conciencia de que podrían someterse a tratamientos costosos que no necesariamente garanticen los resultados esperados.
Este 4 de junio se conmemora el Día Mundial de la Fertilidad, cuyo objetivo es concientizar sobre los problemas de fertilidad y visibilizar una realidad que afecta a millones de personas en todo el mundo.
La fecha fue impulsada por la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) para reducir el estigma y promover el acceso a tratamientos de reproducción asistida, ya que todas las personas tienen el derecho humano a la reproducción y a decidir el número de hijos que desean tener.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) 2023, publicada en abril pasado por el Inegi, en el país la tasa de fecundidad de las mujeres entre 15 y 49 años fue de 1.60 hijas e hijos nacidos vivos, cifra menor a la registrada en 2018, cuando fue de 2.07.
El Estado de México se ubicó en el penúltimo lugar nacional con una tasa de 1.45 en 2023, mientras que en 2018 registró 1.8.
“Las tasas específicas de fecundidad muestran un cambio estructural al pasar de una cúspide temprana con el valor más alto en las mujeres de 20 a 24 años, con 118.2 nacimientos por cada mil mujeres en 2018, a una cúspide dilatada para 2023, donde las tasas de fecundidad de las mujeres de 20 a 24 y de 25 a 29 años son similares”, destacó.“También se hace evidente una disminución de la fecundidad adolescente al pasar de 70.6 a 45.2 nacimientos por cada mil mujeres”, detalló en su momento la presidenta del Inegi, Graciela Márquez.
En el país, la edad mediana de inicio de la vida sexual para las mujeres fue de 18 años, superior a la registrada en 2018, cuando era de 17.5 años.
De las adolescentes de 15 a 19 años que iniciaron su vida sexual, 66.9 por ciento utilizó un método anticonceptivo en su primera relación sexual, cifra superior al 59.9 por ciento reportado cinco años atrás.
El condón masculino fue el método más utilizado, con 89.9 por ciento.
De las mujeres en edad fértil, 98.7 por ciento conocía al menos un método anticonceptivo y 96.6 por ciento sabía utilizarlo correctamente.
En México, durante 2023, 18.6 millones de mujeres en edad fértil eran sexualmente activas y la prevalencia de uso de métodos anticonceptivos alcanzó 74.5 por ciento.
Las mujeres de entre 15 y 19 años y las de 20 a 24 años registraron los porcentajes más bajos de utilización, con 60.2 y 68.2 por ciento, respectivamente.
En 2023, la tasa de fecundidad de las mujeres residentes en localidades rurales fue de 2.13 hijas e hijos, mientras que en zonas urbanas fue de 1.44.
“Hoy vemos nacimientos a edades más avanzadas. En ambos ámbitos se observa una reducción de la fecundidad entre 2018 y 2023, aunque fue más pronunciada en las localidades urbanas, donde pasó de 1.94 a 1.44 hijas e hijos, mientras que en las rurales disminuyó de 2.51 a 2.13”, destacó.
En 2023, la diferencia entre ambos ámbitos fue de 0.7 hijos por mujer.
Asimismo, la tasa de fecundidad de las mujeres hablantes de lengua indígena disminuyó de 2.74 a 2.55 hijos, mientras que entre las no hablantes pasó de 2.03 a 1.55.
Esto implica que las mujeres hablantes de lengua indígena tienen, en promedio, un hijo más que aquellas que no hablan una lengua originaria.
“Vivir en zonas rurales o hablar lenguas indígenas son factores que inciden en mayores tasas de fecundidad y también en indicadores de mortalidad infantil”, consideró.
Las mujeres con escolaridad media superior o superior tuvieron en promedio 1.35 hijos, mientras que aquellas con algún grado de primaria registraron 2.36 hijos.
Según el Censo de Población y Vivienda 2020 del Inegi, las mujeres representan 51.2 por ciento de la población nacional, equivalente a 64.5 millones de personas.
De ellas, aproximadamente 15 millones se encuentran en edad reproductiva y presentan una relación de dependencia cada vez menor.
El número de nacimientos registrados en México disminuyó 35 por ciento entre 1994 y 2022. Del total de nacimientos registrados en este último periodo, 44.1 por ciento correspondió a madres mayores de 30 años.
Asimismo, el número de hijos por mujer ha disminuido considerablemente: en la década de 1970 era de tres hijos en promedio, mientras que actualmente es de alrededor de 1.5 entre mujeres de 15 a 44 años.
En las últimas cuatro décadas, las mujeres han alcanzado niveles educativos significativamente superiores en la mayoría de los países del mundo y México no ha sido la excepción.
Actualmente, 21 por ciento de las mexicanas ha alcanzado estudios superiores y una proporción similar cuenta con estudios de posgrado.
En el ámbito sociodemográfico, destaca que la tasa de nupcialidad disminuyó de ocho a tres matrimonios por cada mil habitantes entre 1994 y 2021, mientras que la tasa de divorcios se triplicó en el mismo periodo.