CLAVO ARDIENDO. El fotógrafo Duane Michals falleció este martes a los 94 años de edad en un centro hospitalario de Manhattan, en Nueva York. La información sobre su muerte fue adelantada por el diario ‘New York Times’ tras anunciarla de forma pública por Bridget Moore, directiva de la DC Moore Gallery, la galería de arte que le representaba.
Con esta muerte se despide a un artista conceptual, pícaro y provocador que utilizó su cámara para contar historias con temáticas extravagantes y enigmáticas, erigiéndose como uno de los creadores que con mayor intensidad ha renovado el lenguaje de la vanguardia norteamericana contemporánea, ademas de ser abiertamente gay (algo que se evidencia en su obra) también era muy crítico con el la fotografía y el mercado del arte, o más bien, con ciertas maneras de explotar la fotografía, algo que también criticaba desde sus creaciones.
Nacido el 18 de febrero de 1932 en McKeesport, un suburbio de la ciudad de Pittsburgh en Pensilvania, en el seno de una familia de clase obrera, Michals fue siempre un fotógrafo autodidacta y un orgulloso inadaptado. Su camino no siguió la ortodoxia académica: tras estudiar Bellas Artes en la Universidad de Denver y abandonar un curso de postgrado en la Escuela de Diseño Parsons en Nueva York, comenzó a trabajar en el mundo editorial de la metrópoli.
Su acercamiento a la creación de imágenes ocurrió de manera fortuita en 1958, durante unas vacaciones en la Unión Soviética, donde utilizó una cámara prestada para realizar retratos de gran franqueza y simplicidad al pueblo ruso, logrando un éxito inmediato que supuso el inicio de su carrera.
A partir de ahí, construyó una trayectoria en la que nunca perteneció a ninguna escuela de arte en particular ni fundó ninguna. Mientras que otros creadores de su época encontraban su material en el caos de la vida urbana o en la majestuosidad de la naturaleza, él se inspiraba para su narrativa visual en las imágenes y escritos de autores como William Blake, Lewis Carroll, Joseph Cornell, Walt Whitman y René Magritte.
Si bien su temprano interés por las calles le llevó inicialmente a captar imágenes documentales bajo la influencia del francés Eugène Atget, pronto comenzó a observar la realidad a través de una lente que trascendía lo puramente rutinario y documental.
Su distanciamiento de los cánones de la práctica fotográfica se evidenció rotundamente en el aspecto formal de su obra. Huía del estudio para realizar sus capturas con luz natural y muy poco equipo técnico, a menudo en la intimidad del espacio doméstico. Fue un claro precursor de lo que hoy se conoce como fotografía fabricada, construyendo escenarios y dirigiendo a los protagonistas —fueran modelos, amigos o él mismo— para crear la acción.
En 1966 introdujo el uso de la secuencia para contar historias imaginadas, acercándose al formato cinematográfico, y en 1969 comenzó a trazar a mano breves textos en los márgenes de sus copias positivadas. Estos escritos servían como vehículo para poner de manifiesto lo que no se podía fotografiar, desmintiendo la convicción de que una imagen vale más que mil palabras.
Sus copias solían ser de pequeño formato, necesitando a veces desde tres hasta treinta imágenes para completar una narración. El propio artista insistía en este tamaño reducido para crear una relación directa con el observador y como forma de rechazo a las políticas inflacionistas del mercado del arte.
Entre sus secuencias más destacadas, que funcionan como artefactos abiertos o acertijos, se encuentran obras como ‘Chance Meeting’ (1970), la comedia sexual ‘Take One and See Mt. Fujiyama’ (1975), la parábola con tintes bíblicos ‘The Return of the Prodigal Son’ (1982), la fábula ‘Grandmother and Odette Visit the Park’ (1992), o el recuerdo biográfico ‘The House I Once Called Home’ (2003), además de punzantes críticas al sector como ‘How Photography Lost its Virginity on the Way to the Bank’.
El componente de juego e ironía heredado del surrealismo, con referentes confesos a los que llegó a fotografiar como Balthus y Giorgio de Chirico, permeó su obra para cuestionar la fragilidad del ser humano y abordar conceptos abstractos como la muerte, el amor, el paso del tiempo o la propia identidad. En sus últimos años siguió inventando técnicas, produciendo obras en color en forma de abanico inspiradas en la tradición japonesa del Ukiyo-e, reinterpretando viejos ferrotipos con óleo y dirigiendo cortometrajes.
A la par que su investigación metafísica, mantuvo una constante carrera comercial colaborando con revistas como Vogue, Esquire o Life, convencido de que ganarse la vida con estos encargos le garantizaba la máxima libertad artística. Retrató a grandes celebridades como Truman Capote, Andy Warhol, Marcel Duchamp, Pier Paolo Pasolini, Sting, Meryl Streep, Marguerite Duras, Susan Sontag, François Truffaut, Clint Eastwood, Martin Scorsese, Stephen King, Madonna, Richard Gere y Sean Penn, llegando a firmar la icónica portada del disco ‘Synchronicity’ del grupo The Police.
A lo largo de su vida, Duane Michals publicó más de setenta libros y expuso regularmente en multitud de espacios internacionales, destacando hitos como su exposición ‘Stories’ de 1970 en el MOMA, y muestras retrospectivas en el Carnegie Museum of Art de Pittsburgh o la Morgan Library and Museum de Manhattan. Su redefinición de la fotografía como medio poético sentó las bases para el trabajo de creadores posteriores como Francesca Woodman o David Levinthal.
Hoy, sus imágenes se conservan en colecciones del Metropolitan de Nueva York, el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles, el Moderna Museet de Estocolmo o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, conformando un corpus de trabajo que le valió incontables reconocimientos globales, como la Orden de las Artes y las Letras de Francia. En España pudimos ver su obra recientemente en la Fundación Canal en Madrid y en la Fundación Mapfre en Barcelona.