LA JORNADA. Más de 500 escritores, intelectuales, periodistas y figuras públicas de Iberoamérica expresaron su respaldo al Festival Cultur ALH de excluir de sus debates y conferencias a la escritora argentina de origen judío Ariana Harwicz por defender ideas negacionistas del genocidio del pueblo palestino y por estar en contra de la campaña internacional para excluir a Israel de los actos públicos por su política bélica y criminal.
Entre los firmantes de este manifiesto de apoyo se encuentran figuras tan destacadas como las escritoras mexicanas Cristina Rivera Garza y Dahlia de la Cerda, las cubanas Elaine Vilar Madruga y Maielis González, la ecuatoriana Mónica Ojeda, las chilenas Nona Fernández y Alejandro Zambra, las argentinas Camila Sosa y Carolina Meloni, así como las españolas como Marta Sanz, Andrea Abreu, Alana S. Portero o Brigitte Vasallo, entre otras.
El caso de Ariana Harwicz ha provocado un amplío debate entre autores e intelectuales. Al comunicado del pasado miércoles de más de 350 escritores contra la cancelación de la novelista argentina respondieron, con un nuevo comunicado, centenares de autores, entre los que también están cineastas prestigiosos, como Lucrecia Martel o Rodrigo Sorogoyen.
En su postura advierten: “sabemos que posicionarse públicamente en solidaridad con el pueblo palestino dentro de la industria literaria puede tener costos. Y, frente a esos costos, creemos que la respuesta tiene que ser colectiva”.
De ahí que expresen su apoyo a las siete autoras que impulsaron la exclusión de Harwicz del festival, que se ha visto salpicado por la polémica y del que por lo mismo han cancelado figuras relevantes, entre ellas el escritor irlandés John Banville, quien era el responsable de clausurar las conferencias y debates. Las escritoras que decidieron dar un paso al frente y asumir la exigencia de la Red Universitaria por Palestina de Granada fueron Rita Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro, Silvia Federici y Ángelo Néstore, que ahora reciben el respaldo de más de 500 personas que señalan: “reconocemos el valor de quienes desde la comunidad universitaria señalaron lo que consideran discursos negacionistas o justificatorios de la violencia contra el pueblo palestino y llevaron esa discusión hasta los espacios institucionales”.
Además advierten: “no vamos a dejar solas a las personas que se posicionan contra el genocidio del pueblo palestino perpetrado por Israel y contra la violencia ejercida por su ejército y sus colonos sobre los habitantes de Gaza y Cisjordania.
“Nuestro respaldo se extiende a quienes ejercen la protesta pacífica y la organización colectiva para exigir que las instituciones culturales y académicas respondan por las decisiones políticas que toman desde sus programaciones.
“La protesta, también amparada por la libertad de expresión, es una de las pocas herramientas que tienen los estudiantes y la ciudadanía para responder a los discursos que desde las altas tribunas y espacios de legitimación cultural niegan el genocidio palestino.”
Pues, añaden, “nos resistimos a que el debate quede reducido a un conflicto identitario y a que cualquier defensa en favor del pueblo palestino sea convertida automáticamente en antisemitismo.
“Estamos contra el genocidio, contra la violencia ejercida sobre Palestina y contra los discursos que la niegan, la minimizan, la justifican o la celebran. Las personas judías no constituyen un bloque político homogéneo y no responsabilizamos colectivamente a ninguna de ellas por las acciones del Estado de Israel.
“Criticar el sionismo no equivale a atacar a las personas judías ni a todas las israelíes. Combatir el antisemitismo y oponerse al sionismo tampoco son posiciones mutuamente excluyentes. Defender al pueblo palestino no equivale a atacar a las personas judías.”
Finalmente, rechazan las acusaciones de censura: “Organizar un boicot pacífico no es censurar. La discusión es si nuestras instituciones culturales tienen la obligación de proporcionar escenarios, recursos, prestigio y legitimidad a cualquier posición política imaginable. Creemos que no: criticar no es censurar, protestar no es censurar.
“Las instituciones culturales establecen límites éticos todo el tiempo. No aceptaríamos que la negación del Holocausto fuera presentada simplemente como ‘otra opinión’ en nombre de la pluralidad. No vemos por qué tendríamos que aplicar un estándar ético distinto cuando hablamos del sufrimiento del pueblo palestino.”
De ahí que exijan que las “editoriales, festivales, ferias del libro, universidades, residencias, premios, fundaciones, instituciones culturales y demás agentes de la industria literaria revisen sus vínculos institucionales con el Estado de Israel y con instituciones implicadas en la violencia contra el pueblo palestino”.