EFE. La Oficina de Turismo de Lyon, un edificio histórico en medio de la emblemática plaza Bellecour, no era este domingo más de un cascarón humeante ante el que decenas de curiosos se apiñaban para sacar fotos y observar la extensión del desastre.
"¡No puede ser! ¡qué han hecho!", se lamenta Dominique, una mujer mayor, refiriéndose a los encapuchados que el sábado por la tarde saquearon y calcinaron el edificio en el contexto de la jornada de protesta nacional contra la carestía de la vida en Francia.
"Se ha ido una parte de nuestra historia", dice a EFE Pierre, un hombre en la treintena, en referencia al hecho de que este antiguo pabellón militar compartía la vida de los lioneses desde hace 174 años. "Resistió hasta a la Segunda Guerra Mundial", añade.
Sin embargo, no sólo las edificaciones emblemáticas recibieron daños, sino que también las tiendas de lujo en París resultaron severamente dañadas luego de ser saqueadas y destruidas durante las protestas sociales.
Junto a ellos hay familias con niños, parejas, adolescentes y deportistas que se han detenido en plena carrera dominical para observar los restos del edificio, del que solo quedan en pie los muros y, sobre ellos, las banderas chamuscadas de Francia y la Unión Europea.
La violencia tuvo lugar al margen de una jornada de movilización nacional contra la carestía de la vida, que reunió entre 550 mil y 800 mil personas, según las autoridades y la principal central sindical francesa, la CGT, respectivamente.
La policía utilizó gas lacrimógeno y cañones de agua contra los manifestantes, que lanzaron proyectiles y dispararon fuegos artificiales.
Un joven de 17 años perdió una mano en la sureña Saint-Étienne por la explosión de una granada lanzada por las fuerzas de seguridad.
No solo ardió la Oficina de Turismo, en las calles aledañas a la gran plaza central de Lyon, y también en París, con decenas de comercios saqueados y destruidos.
Son apenas las diez de la mañana, pero en la calle, gran arteria comercial de la ciudad, los empleados de empresas de limpieza y reparaciones se afanan para tratar de borrar las huellas del caos.
Allí hay una tienda de Zara totalmente devastada. Detrás de un cristal de escaparate, en el que alguien ha escrito 'Free Palestine' (Palestina Libre) se ven estanterías rotas, cristales por los suelos, pero ninguna prenda de vestir pues todas fueron robadas.
La misma suerte ha corrido una tienda New Balance, Dior, Louis Vuitton y otras marcas de lujo.
Un vigilante protege una oficina de la empresa telefónica Orange en la que también lograron penetrar los saqueadores.
"No se pudieron llevar los teléfonos, porque están muy protegidos, pero se llevaron baterías y otras cosas, todo lo que pudieron", comenta.
A lo largo de la calle se ven restos del caos y otros muchos comercios saqueados. También hay contenedores llenos de cristales, estanterías rotas, pantallas de ordenador y basura.
Los afectados por los daños y pillajes piden medidas urgentes de ayuda a las empresas afectadas y le reprochan su alianza con el partido de izquierda radical La Francia Insumisa, a quienes muchos señalan como último responsable de este brote de violencia de grupos de ultraizquierda.