EL PAÍS. Había muchos ojos detrás de Axel Alfredo Cárdenas: El Titán era un pistolero de abolengo criminal. Segundo al mando de la facción Ciclones, era hijo de José Alfredo Cárdenas y sobrino de Osiel Cárdenas, uno líder y otro jefe y fundador del Cartel del Golfo. Los Cárdenas siempre tuvieron su fuerza en Tamaulipas, desde donde Osiel fue clave para el ascenso de Los Zetas.
Axel Alfredo ya había sido detenido en mayo de 2023, pero logró salir de prisión nueve meses más tarde gracias a una decisión judicial. Desde entonces lo quería el Gobierno. Este 29 de octubre lo encontró y lo capturó en Matamoros, casi en la frontera con Estados Unidos. El cartel reaccionó al arresto con bloqueos en carreteras y municipios, y el Gobierno con guardias y helicópteros.
Entre su pugna quedaron los de siempre. El saldo del enfrentamiento fue de seis personas fallecidas, entre ellas la niña Aranza Pardo, de solo siete años, quien recibió un disparo en la cabeza. Su familia pide ahora responsabilidades a las autoridades que llevaron a cabo el operativo y todas las respuestas apuntan a una bala calibre 7.62 caída del cielo.
El pasado jueves, la familia Pardo circulaba por el ejido Las Rucias, en Matamoros. Vieron varias aeronaves que sobrevolaban la zona, una situación habitual porque hace un mes que el Ejército y la Guardia Nacional patrullan por tierra y aire la zona fronteriza de Tamaulipas. De repente, los alcanzó un disparo. Todos salieron del vehículo menos Aranza y su madre. Ella trató de proteger a su hija con el cuerpo, pero llegó una segunda bala, que atravesó la carrocería del vehículo e impactó directamente en el cráneo de la niña. La madre fue herida en una pierna. No pudieron salvar a Aranza.
Los elementos reconocidos hasta ahora por el fiscal de Tamaulipas, Jesús Govea, son los siguientes: la bala que mató a la niña tuvo una trayectoria de arriba hacia abajo; todos los helicópteros que ese día (y también los otros) sobrevolaban Matamoros pertenecían a cuerpos de seguridad mexicanos, no a criminales (“las capacidades de estos grupos no se encuentran en ese orden”); el calibre de la bala era 7.62, el que es conocido que usan las fuerzas armadas.
Aún así, en una entrevista en radio, el funcionario pide dejar tiempo para completar la investigación. Sí reconoce que “se habla de un helicóptero de la Guardia Estatal”, es decir, de la Secretaría de Seguridad de Tamaulipas. “Se está requiriendo a diversas instituciones, tanto de Fuerzas Armadas como Guardia Nacional, que nos proporcionan toda la información relativa a las operaciones de las aeronaves que en la zona hubieran estado desplegadas, precisamente para poder corroborar y confrontar la información de manera que estos primeros señalamientos puedan o no ser confirmados”, ha dicho Govea en el programa de Azucena Uresti.
No sería la primera vez que las Fuerzas Armadas mexicanas matan a disparos a un menor en Tamaulipas. Hace justo dos años que el estudiante Armando Hernández, de 16 años, estaba limpiando en el jardín de un local de Nuevo Laredo cuando recibió el balazo que acabó con su vida. Entró por su glúteo derecho, le perforó los intestinos y salió por el abdomen: le dio tiempo a pedir ayuda, a decir que no quería morirse, a peregrinar hospital por hospital sin que ninguno le atendiera. Murió sin que las autoridades se hicieran responsables de haberle matado. También Armando quedó en medio de la persecución de algún posible criminal.
En el operativo por la detención de Axel Alfredo Cárdenas murió Aranza y también otros cinco adultos, que chocaron contra los coches incendiados que el grupo criminal había dejado en las carreteras. Ninguno de ellos fue mencionado en los comunicados de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, que celebraba la detención de un objetivo prioritario, relacionado con “homicidios, secuestro, extorsión y tráfico de drogas, armas y personas hacia Estados Unidos”.
La dependencia comandada por Omar García Harfuch también señaló a Cárdenas como responsable del ataque a policías el 17 de mayo, en el que murió un agente que se encargaba de la seguridad del Consulado Estadounidense en Matamoros y otros resultaron heridos: “Su memoria y el compromiso de quienes arriesgan la vida para proteger a la ciudadanía nos obligan a continuar las investigaciones hasta detener a todos los responsables. No permitiremos que esta agresión quede impune”. Mientras, la familia de Aranza Pardo pide que sea ahora su muerte la que no quede impune.