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El barrio rojo de Ámsterdam permanece cerrada mientras el resto de la ciudad está por abrir

Por: Administración
2020-06-05 20:30:12
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ÁMSTERDAM — Las luces rojas seguían encendidas sobre los escaparates de De Wallen, el principal barrio rojo de Ámsterdam, pero los escaparates estaban vacíos.

Las calles que están a un lado de los canales, que casi siempre están atestadas de turistas, estaban desiertas.

Los burdeles y el museo de la prostitución estaban cerrados hasta nuevo aviso.

“Prohibido tomar fotografías de las trabajadoras sexuales”, decían los rótulos colocados encima de los escaparates de los burdeles. “Multa: 95 euros”.

Pero en los escaparates no había trabajadoras sexuales que fotografiar, ni tampoco turistas que las fotografiaran.

Los Países Bajos están reanudando sus actividades. Desde el 11 de mayo, ya están trabajando estilistas, instructores de manejo y cosmetólogos sin tener que usar cubrebocas. Los restaurantes volvieron a abrir las áreas al aire libre a principios de este mes. Se tiene programado que los gimnasios y saunas vuelvan a funcionar a principios de julio.

En De Wallen, está abierta una cerrajería, así como unos cuantos bares (vacíos por lo general) y las tiendas que venden juguetes sexuales, látigos, esposas y uno que otro vestido de látex.

No obstante, se les ha pedido a las trabajadoras sexuales que esperen hasta septiembre, lo cual hace que la zona esté vacía y que muchas de ellas caigan en la pobreza… o que regresen a trabajar en secreto.

Charlotte de Vries, el nombre profesional de una acompañante que trabaja en Ámsterdam, normalmente atendía hasta siete clientes por semana. Pero la semana que comenzó la cuarentena, los siete le cancelaron, cosa que de inmediato le costó cerca de 1500 dólares.

“Y después de eso dejé de contar”, comentó De Vries, sentada en una mesa en el límite del barrio rojo. “Pensé que no quería saberlo”.

Mientras hablaba, repiqueteaban las campanas de la iglesia más antigua de Ámsterdam al otro lado de la calle. Comentó que como la zona estaba desierta, ahora sí se podían escuchar los sonidos del vecindario.

Por el momento, De Vries puede recurrir a sus ahorros. Pero muchas de sus colegas no pueden hacerlo. Más de 400 buscaron la ayuda de un nuevo fondo de emergencia recaudado por voluntarios, el cual ofrece unos 45 dólares de ayuda a los solicitantes más necesitados.

Esa iniciativa dista mucho de ser suficiente. De Vries dice que conoce a siete sexoservidoras que se han visto obligadas a trabajar en secreto solo para pagar la renta. Rosie Heart, que es el nombre profesional de otra trabajadora sexual neerlandesa, señaló que conocía al menos a diez en esta situación.

“En verdad es desastroso”, afirmó Heart, quien normalmente ofrece servicios de acompañante en Ámsterdam y Londres, además de trabajar como representante de Proud, un sindicato de sexoservidoras neerlandesas.

Trabajar en secreto de esta manera hace que sean especialmente vulnerables porque corren más riesgos con los clientes agresivos.

Antes de la crisis del coronavirus, si un cliente se ponía violento, “acudíamos a la policía”, señaló De Vries. “Pero ahora no podemos porque no es legal lo que estamos haciendo”.

En eso, pasó un vecino que la saludó con una inclinación de la cabeza. Una de las pocas cosas buenas de la crisis había sido la oportunidad de conocer mejor a los residentes de la zona, comentó De Vries.

Las dificultades que enfrentan las sexoservidoras neerlandesas se deben a las desigualdades del apoyo gubernamental. Al igual que muchos gobiernos, al principio de la crisis, las autoridades neerlandesas crearon flujos de ingresos de emergencia para las personas que de pronto se quedaron sin trabajo.

Pero en la práctica, muchas de estas trabajadoras no reúnen los requisitos para obtener los nuevos subsidios por la forma en que estaban registradas ante las autoridades tributarias antes de la crisis. O tienen demasiado miedo de solicitarlos.

Pese a que la prostitución es legal en los Países Bajos, muchas trabajadoras sexuales prefieren no declarar su profesión ante las autoridades gubernamentales porque ese oficio todavía conlleva un estigma social, o porque trabajan sin tener todas las licencias que se necesitan para cumplir totalmente con la ley.

En una encuesta a 108 sexoservidoras de los Países Bajos realizada por SekswerkExpertise, un grupo de investigación en Ámsterdam, el 56 por ciento de las encuestadas afirmaron que habían solicitado apoyo por el coronavirus. De esas solicitantes, solo el trece por ciento dijo haber recibido ayuda.

De las que no solicitaron, casi una de cada tres comentó que ya sabía que no cumplía con los requisitos y una de cada seis dijo que le preocupaba declararse trabajadora sexual ante las instituciones de gobierno porque se podría revelar su identidad.

Además, las sexoservidoras migrantes que trabajan sin permiso no pueden ni siquiera pensar en solicitar la ayuda.

Heart fue una de las pocas solicitantes que tuvo éxito y ha recibido 1500 dólares al mes desde marzo, a duras penas la mitad de lo que ganaba normalmente.

Pero dijo que no solicitará ayuda a partir de julio porque, para ese entonces, es probable que las trabajadoras sexuales sean las únicas personas sin trabajo por motivos directamente relacionados con las restricciones por el coronavirus.

Teme que eso la delate como trabajadora sexual y que muy posiblemente haga que los funcionarios locales la desalojen de su casa por suponer —de manera errónea— que usa su apartamento como un burdel sin licencia.

“En un momento podría estar solicitando la ayuda del gobierno”, señaló Heart. “Y al siguiente podría estar peleando para seguir en mi casa”.

Las sexoservidoras dijeron que no entienden por qué no les permiten regresar a trabajar al menos de manera parcial en julio, junto con los gimnasios y las saunas. Su trabajo no tiene que incluir besos, y gran parte de ese trabajo, incluso antes de la crisis del coronavirus, no incluía coito ni contacto cara a cara.

Ahora los estilistas pueden volver a atender a sus clientes “y ponerse frente a su rostro para cortarles el fleco”, comentó Heart. Así que se preguntaba por qué no se les permitían a las sexoservidoras realizar actos sexuales que no llegaran al coito.

“No estoy diciendo para nada que nos permitan trabajar como siempre, claro que no”, añadió. “Pero si dicen que todos pueden volver a trabajar, excepto las sexoservidoras, algo está mal con ese razonamiento”.

Fuente: Patrick Kingsley / The New York Times