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O están conmigo o están contra mí

Por: Miguel Perez
2020-06-09 18:15:05
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El presidente se equivoca.

La prensa, el empresariado, la sociedad civil no tiene que definirse, no tiene que desplegar sus preferencias (o no) por un partido político o por otro, por un político u otro.

Al presidente se le olvida que no gobierna sólo para quienes votaron por él, no gobierna sólo para feligresía del culto a su personalidad que es Morena, no gobierna sólo para sus trolls de redes sociales que están siempre a la caza de quien señala y manifiesta desacuerdo con el tlatoani. El presidente gobierna para ellos, sí, pero también para los que no votaron, para los que no lo votaron, para los que aún no pueden votar, para los que genuinamente creen en su proyecto (que no en su partido), para los que no le creen una palabra, para los más pobre y para los obscenamente millonarios.

El presidente divide. El presidente descalifica (con o sin razón), se vuelve pontífice de él mismo, en juez y ejecutor de su moralidad. La prensa que aplaude es la prensa “buena”, la prensa que lo señala son medios “poco éticos”. Se le olvida que el papel de los medios es informar: lo bueno, lo malo, lo mediocre.

El presidente pone adjetivos, los que no están con él son corruptos, pero desvía la mirada a la corrupción en su casa: Bartlett (y sus casas y sus negocios alrededor del poder), Ana Guevara (y sus moches y sus compadrazgos), Rocío Nahle (y los contratos a los amigos), Sanjuana Martínez (y el acoso a los periodistas de NOTIMEX), María Luis Albores (y el nepotismo) …

Al presidente no le gusta que los ambientalistas le digan: el aeropuerto de Santa Lucía es inviable, el tren maya es altamente predatoria, la hidroeléctrica de Morelos es ecocida. Se atreve a borrar de un escupitajo en su verborrea a los ambientalistas que han muerto (más de ochenta de en menos de una década), siendo quizás el asesinato de Samir Flores, ambientalismo del estado de Morelos, opositor a la hidroeléctrica de Huexca (otra obra caprichosa del presidente) el caso más penoso de su administración.

Al presidente no le gustan los datos o al menos no los que se pueden comprobar. Miente con otros datos, descarada e impunemente. Y más si los datos demuestran que la violencia no se frena, que la violencia de género sigue aumentando. Y ojo a esto, que, ante la falta de una oposición digna en las cámaras, las mujeres han sido hasta hoy, la única y verdadera oposición a la inacción de los gobiernos (aquí sí en plural).

Al presidente le gusta que nos distraigamos en estas bagatelas que menciono, el presidente le gusta exhibirse ante los mismos medios que critica cada mañana, le gusta el proselitismo de pueblo en pueblo, le importa un reverendo cacahuate la seguridad de sus aplaudidores y su seguridad en plena pandemia. Actúa en contradicción de las indicaciones de la autoridad sanitaria. No soporta que el Coronavirus le robe los reflectores. ¿Por qué? Porque le gusta la exposición, más que gobernar, le interesa la historia más que gobernar, pero se le olvida que estamos viendo la foto completa: los asesinatos siguen en aumento, los feminicidios siguen en aumento, no hay crecimiento económico, el PIB sigue contrayéndose, aunque no les guste admitirlo, el endeudamiento del país se sigue dando (sí, no tan escandaloso como en el pasado inmediato, pero existe), la inversión se contrajo, que la militarización que tanto se criticó con Calderón y Peña sigue en marca, con uniforme nuevo, pero con el mismo fin; la pandemia, por más que quieran disfrazarlo, se les escapa de las manos… pero de esto no hablemos, al presidente no le gusta.

El cartón es de El Fer


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Miguel Perez

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