Cuando una amiga se va

Por: Patricia Garcés
2022-01-05 23:24:53
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Soundtrack para esta columna: “What about your Friends” de TLC.

“Every now and then I get a little easy I let a lot of people depend on me I never thought they would ever deceive me Don't you know when times got rough I was standing on my own?”

 

  Hoy, en un grupo de Facebook, una chica nos contó que tuvo un desencuentro con la que era su “mejor amiga” por algo que ella consideraba menor y que la amistad terminó, dejándola devastada y preguntándose si había “algo malo” con ella y si alguna vez podría volver a establecer una amistad cercana con alguien más. Las respuestas obviamente no se hicieron esperar y fueron variadas, desde el rango de: “no pasa nada, a seguir adelante” hasta las que empatizamos con su situación por experiencia personal.

   Desde hace tiempo pienso que tenemos muy normalizados ciertos duelos y muy ignorados algunos otros. Normal llorarle por años a algún familiar que ha fallecido o incluso a alguna ex pareja que ya no está con nosotros por decisión propia (dije normal, no necesariamente sano), pero ¿el duelo por una amiga o un amigo? Ese se supone que lo pasemos “por debajo de la alfombra” y que nos enfoquemos en seguir adelante y en que por supuesto que podremos hacer nuevas amistades en un futuro.

  A lo largo de mi vida he tenido diferentes niveles de amistad con diferentes personas, desde las circunstanciales que por lo regular son temporales (compartimos alguna clase o trabajo) hasta las muy largas, de más de 30 años. Entiendo que todo en esta vida tiene sus ciclos, pero lo que me cuesta trabajo entender es que personas que considerabas que serían parte de tu vida para siempre, salgan de ella sin darte absolutamente ninguna explicación y con ningún antecedente de algún problema o desacuerdo de por medio.

  Sé que soy una buena amiga y que tal vez por mi forma de ser no estoy de manera diaria en contacto con mi gente cercana, pero eso no quiere decir que no puedan contar conmigo, que no piense en ellas o en ellos y saben perfecto que cuando me necesiten ahí estaré. También me considero una mujer razonable, que no tiene miedo a las “conversaciones difíciles” ni a aclarar malos entendidos muy rápido para que no se hagan las cosas más grandes. No espero perfección de nadie, de hecho, soy muy tolerable con los defectos de mis personas cercanas (porque obviamente, yo también los tengo) y soy una mujer concreta y asertiva, vaya pues, soy buen material para una relación de amistad a largo plazo, cuando considero que la relación vale todo ese trabajo.

  Me toco perder a dos de mis amistades más cercanas de muchísimos años (un hombre y una mujer) se podría decir que recientemente y aunque él ya se había escurrido de mi vida un tiempo antes y yo intenté infructuosamente mantener el contacto una y otra vez, ella de plano si se fue en medio de una de las mayores crisis emocionales que yo haya tenido en mi vida y en la que realmente necesitaba de mucho apoyo. Mi gente cercana sabe que se me dificulta hablar de mis problemas, que no me gusta quejarme, que me guardo muchísimas cosas que intento arreglar yo sola sin pedir ayuda, así que créanme que para que yo diga que necesito de alguien es porque ya estoy al límite y que esa persona te de la espalda en un momento así es sumamente doloroso y le agrega un nivel más de decepción y complicación a la ya de por si tremenda situación.

  En diciembre me di cuenta, por diferentes situaciones emocionales y fisiológicas que se me presentaron, que sigo en mi proceso de duelo ante este amigo y esta amiga que perdí. Que hay días que me encabrono, días que lloro, días que me enojo conmigo misma por haber dado tanto y recibir algo que considero injusto. Y es enorme entender que no hay manera de que ese hueco que dejaron se llene. Que esos años y años que pasamos juntos quedaron ahí ya en el pasado. Que estuve con él y con ella de todas las formas posibles. Que lloré con ambos en funerales y cuando les rompieron el corazón, que me confesaron cosas que jamás diré, que bailé en sus bodas y graduaciones, que celebré borracheras y sus cumpleaños, que hice llamadas a larga distancia, que más de una vez los saqué de apuros, que redacté cartas y largos correos electrónicos con el afán de estar en contacto y siento que me pagaron cerrándome una puerta en la cara y aventándome al vacío.

  Entiendo que hay relaciones que no dan para más, pero ¿podríamos al menos despedirnos con el mismo cariño que nos tuvimos tantos años en lugar de simplemente desaparecer como si lo que tuvimos no valiera absolutamente nada? Y sí hay algo que decir, decirlo sin pena, que para eso tenemos años de amistad que nos respaldan. ¿Honrar la relación con un mínimo de responsabilidad afectiva, es mucho pedir?

  Y así las cosas.



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Patricia Garcés

Reynosense. Licenciada en comercio internacional. Educadora sexual, Educadora y Consejera en Lactancia y Educadora en Salud Materna. Madre. #HomeSchoolMom. Sí, soy una de "esas feministas". Molestando a la humanidad desde 1976. Me gustan los perros. Nueva Karen por culpa de Ginger.

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