EL IMPARCIAL. La política energética de México atraviesa un momento de intenso debate público tras las recientes declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum. Durante su conferencia de prensa matutina del miércoles 8 de abril de 2026, la mandataria abordó de manera directa las preocupaciones de la ciudadanía respecto al elevado precio de la gasolina Premium.
Ante el cuestionamiento sobre el impacto que los costos tienen en el bolsillo de las familias, Sheinbaum sugirió optar por el combustible de menor octanaje, señalando: “Pueden cargar Magna”.
Esta postura surge en un contexto global complejo, donde los precios internacionales del petróleo han registrado una baja del 15%. Aunque este descenso ha generado expectativas de alivio económico, la administración federal mantiene una visión cautelosa sobre el impacto de las tensiones entre Irán y Estados Unidos en el mercado energético nacional.
En el diálogo con los medios de comunicación, transmitido a través de los canales oficiales del Gobierno de México, la presidenta Sheinbaum minimizó la idea de un “desplome” total en los precios del crudo. Si bien reconoció la tendencia a la baja, subrayó que los conflictos internacionales siguen siendo un factor de volatilidad que impide ajustes drásticos e inmediatos en todos los tipos de combustible.
La frase “Pueden cargar Magna” fue la alternativa propuesta por la mandataria para quienes buscan mitigar el gasto diario en movilidad. Con esta declaración, el Gobierno busca redirigir la demanda hacia el combustible que cuenta con un mayor subsidio a través del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), permitiendo que el precio final al consumidor se mantenga más estable en comparación con la gasolina de alto octanaje.
Más allá de la recomendación sobre el uso de la Magna, la presidenta detalló que el foco principal de su administración en este momento es el diésel. La lógica detrás de esta prioridad es el impacto directo que este combustible tiene en el transporte de carga y, por consecuencia, en el precio de los alimentos y productos básicos.
La sugerencia presidencial ha despertado dudas técnicas entre los propietarios de vehículos. Es fundamental entender que la diferencia entre la gasolina Magna (87 octanos) y la Premium (91-92 octanos) no radica solo en el precio, sino en la capacidad del combustible para resistir la detonación prematura dentro del motor.
Si su automóvil cuenta con un motor turbocargado o de alta compresión, el uso de gasolina Magna podría generar “cascabeleo”, una combustión a destiempo que, a largo plazo, reduce la eficiencia del motor y puede provocar daños costosos en los pistones. Sin embargo, para la gran mayoría de los vehículos de modelos comerciales y de gama media que circulan en el país, la gasolina Magna es una opción técnicamente viable y segura.
La respuesta de la presidenta ha generado reacciones mixtas en sectores económicos. Mientras que el enfoque en el diésel es visto como una medida necesaria para la estabilidad de precios, la sugerencia de cambiar a Magna pone de relieve la presión inflacionaria que sigue afectando a los usuarios de vehículos particulares.
En los próximos días, se espera que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SCP) publique las actualizaciones de los estímulos fiscales para determinar si el precio en las estaciones de servicio reflejará finalmente la tendencia a la baja del mercado internacional de petróleo que mencionó la presidenta.