THE NEW YORK TIMES. El presidente Donald Trump llamó a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, horas después del partido de la selección masculina de fútbol de Estados Unidos el miércoles y le pidió que revisara la suspensión del máximo goleador del equipo en la Copa Mundial, Folarin Balogun, después de que este recibiera una tarjeta roja, según cuatro personas al tanto de la conversación.
El domingo, la FIFA revocó la suspensión y anunció que Balogun podría jugar el lunes contra Bélgica.
Esta revocación es muy inusual y es la primera vez desde 1962 que la FIFA permite que un jugador participe en un partido cuando habría estado sancionado después de ser expulsado en la Copa Mundial. Infantino lleva años intentando congraciarse con Trump. El año pasado, la FIFA creó el Premio FIFA de la Paz y se lo otorgó a Trump, en medio de la campaña pública —aunque fallida— del presidente para que se le diera el Premio Nobel de la Paz.
Poco después de la tarjeta roja a Balogun, altos cargos del gobierno de Trump, entre ellos Howard Lutnick, secretario de Comercio, y Andrew Giuliani, director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca para la Copa Mundial, contrataron a abogados para ayudar a la Federación de Fútbol de Estados Unidos a intentar presentar un recurso, a pesar de que las normas de la FIFA prohíben este tipo de apelaciones, según dos de las personas al tanto de la llamada.
Los funcionarios de la Federación de Fútbol de Estados Unidos argumentaron que la tarjeta roja a Balogun se había marcado indebidamente, ya que los árbitros no deberían haber utilizado la repetición en cámara lenta para determinar la sanción, dijeron estas personas. El uso de repeticiones de video es una práctica habitual, y a menudo se ha expulsado a jugadores después de revisarlas.
Scott Goodwin, gestor de fondos de cobertura y uno de los principales donadores de la Federación de Fútbol de Estados Unidos, llamó la atención de los responsables del equipo de Trump sobre acusaciones públicas que afirmaban que Raphael Claus, el árbitro, estaba implicado en el amaño de partidos en Brasil al sacar tarjetas rojas irregulares. Las autoridades brasileñas y la FIFA no han encontrado pruebas de irregularidades por parte de Claus, pero Trump sacó a relucir esas acusaciones en su llamada con Infantino, dijeron personas al tanto de la conversación. Goodwin remitió cualquier comentario a la Federación de Fútbol de Estados Unidos. Claus no marcó inicialmente la falta a Balogun, pero otros árbitros encargados de supervisar las repeticiones le pidieron que revisara su decisión. Ese grupo procedía de Venezuela, Colombia y Francia.
El domingo, Infantino y Trump volvieron a hablar justo después de que Balogun fuera readmitido, y el presidente le dijo a Infantino que había sido la decisión correcta, según dijeron esas personas. Trump también llamó a Mauricio Pochettino, el entrenador de la selección estadounidense, y le deseó suerte para el partido contra Bélgica del lunes. Pochettino dijo a los periodistas en una rueda de prensa el domingo que su equipo no son “los villanos”.
La FIFA no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios, pero confirmó la elegibilidad de Balogun después de que The Athletic informara de la revocación prevista a primera hora de la tarde.
La federación belga reaccionó con furia el domingo. En un comunicado, se mostró “asombrada por la decisión de la FIFA de declarar elegible al jugador estadounidense suspendido Folarin Balogun para jugar en el partido entre EE. UU. y Bélgica”.
La federación añadió que estaba “estudiando todas las opciones posibles”.
En un comunicado, la Casa Blanca confirmó que Trump e Infantino habían hablado sobre la tarjeta roja, y añadió que “se había alcanzado el resultado correcto y adecuado” tras lo que describió como una revisión independiente. La Casa Blanca dijo que el gobierno estadounidense había proporcionado información para ese proceso. Se negó a dar más detalles sobre la conversación entre Trump e Infantino.
Trump celebró el anuncio de la FIFA en las redes sociales, aunque no dijo que hubiera llamado a Infantino, ni se atribuyó ningún mérito por la decisión.
“Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia”, escribió el presidente en Truth Social. Balogun fue expulsado a mitad del segundo tiempo del partido contra Bosnia y Herzegovina el miércoles, tras un forcejeo con un rival y después de abrir el marcador en Santa Clara, California, lo que puso a Estados Unidos en camino hacia la victoria. Mientras ambos jugaban por el balón, el pie de Balogun cayó sobre el tobillo de su rival y le provocó una torsión brusca. Después de revisar el video, fue expulsado de la cancha con una tarjeta roja.
La tarjeta roja también conllevaba una suspensión de un partido, lo cual le impedía jugar en el encuentro del lunes contra Bélgica.
Pero el domingo, la FIFA dijo que Balogun podría jugar.
“En virtud del artículo 27 del Reglamento de la Federación de Fútbol, se suspende la aplicación de la suspensión automática de partidos para el jugador estadounidense Folarin Balogun por un período de prueba de un año”, dijo el organismo rector en un comunicado. “Si Folarin Balogun comete otra infracción de naturaleza y gravedad similares durante el periodo de prueba, la suspensión se revocará y la sanción se aplicará sin perjuicio de cualquier sanción adicional que se imponga por la nueva infracción”. El comunicado no explicaba por qué no se le impuso una suspensión automática, como sí les ha pasado a otros jugadores que han sido expulsados.
Un memorando elaborado para la Federación de Fútbol de Estados Unidos por abogados que han trabajado para Trump, al que tuvo acceso The New York Times, describía cómo la federación podría encontrar posibles lagunas en las normas sobre las tarjetas rojas para reforzar su argumento. En la práctica, el documento de tres páginas sugería que el reglamento de la FIFA sobre medidas disciplinarias era lo suficientemente ambiguo como para dar pie a un recurso. Incluso proponía que el recurso invocara los derechos de Estados Unidos como nación y amenazara con recurrir ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS, por su sigla en francés), el máximo órgano de arbitraje del mundo del deporte.
En su comunicado, la federación belga dijo que la FIFA había actuado en contravención directa de su propio reglamento, así como en contra de lo que había comunicado a los equipos participantes en una reunión previa al Mundial y en una carta enviada a las federaciones en mayo.
La repentina clemencia hacia Balogun va a generar más preguntas sobre el tipo de relación que Infantino ha desarrollado con Trump.
El presidente de la federación noruega ya se había sumado a una denuncia ética contra Infantino en la que se alega que infringió los estatutos de la FIFA sobre neutralidad política al otorgarle a Trump el premio de la paz. Infantino se ha descrito a sí mismo como amigo del presidente estadounidense y con frecuencia lo ha colmado de elogios y regalos de una forma única en los 122 años de historia de la FIFA.
En contraste con cómo ha gestionado este caso, la FIFA ya había recibido críticas por el trato dado a Irán durante el torneo. A los jugadores iraníes se les obligó a hospedarse en México y se les limitó el tiempo que podían pasar en Estados Unidos, en medio de las continuas tensiones entre ambos países.
Permitir que Balogun juegue beneficia a Estados Unidos, ya que el delantero es la principal amenaza goleadora en el intento de Estados Unidos de pasar a cuartos de final por primera vez en 24 años. En privado, algunos altos cargos del fútbol expresaron su incredulidad ante la gestión del caso y discutieron abiertamente si ahora se había sentado un precedente para que otros equipos pudieran exigir la reincorporación de sus jugadores en caso de que recibieran sanciones similares.
No es la primera vez que la FIFA ha sido objeto de críticas por modificar normas que parecen favorecer a ciertos equipos o a jugadores estrella. A Cristiano Ronaldo, uno de los futbolistas más famosos del mundo, se le permitió jugar al comienzo de la Copa Mundial de este año, cuando, según las normas habituales, debería haberse perdido los dos primeros partidos por una tarjeta roja recibida antes de que empezara el torneo.
El indulto a Balogun recuerda a un caso de 1962, cuando al delantero estrella de Brasil, Garrincha, se le permitió jugar la final de ese año solo después de la intervención del gobierno brasileño. Había sido expulsado en una semifinal, y varios funcionarios, entre ellos el primer ministro, Tancredo Neves —que más tarde se convertiría en presidente—, solicitaron a la FIFA que le permitiera jugar.