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Hombres, hombres, hombres

Por: Patricia Garcés
2020-02-12 12:30:23
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Hace días estaba viendo el capítulo 7 de la temporada 2 de “Sex education” con alguien importante (M). Para ponerlos en contexto en este capítulo pasan varias cosas pero una de las que me pareció más importante es que una maestra castiga a un grupo de chicas porque descubre una pinta sobre ella donde le están haciendo “slut shaming”.

Ella jura que es una de sus alumnas y las castiga después de la escuela con una serie de ejercicios absurdos para que “confiesen” quién fue. Las alumnas juran que ninguna fue y finalmente la maestra cansada les deja un proyecto: tienen que ver que tienen en común como mujeres y exponérselo a la maestra.

Las chicas son súper diferentes entre sí y al principio tratan de encontrar cosas en común sin éxito, es más, ni siquiera el chocolate les gusta a todas. Finalmente una empieza a llorar y hace catarsis de un mal momento que paso hace algunos días: un tipo se masturbó contra ella en el transporte público, la chica está tan aterrada que ve al fulano por todos lados y le da miedo subirse de nuevo al autobús. Esto desata una serie de confesiones de cada una de ellas donde nos van narrando como a una le hicieron tocamientos indebidos, a otra la hostigaban unos hombres en cuanto salía de su casa, otra habla de cómo recibe imágenes de penes no solicitados cuando está en la red, una más narra cómo un hombre expuso su pene ante ella cuando solo tenía 5 años y así, absolutamente todas comparten una historia de ese tipo y finalmente concluyen que “eso” es lo que tienen en común, las diferentes experiencias de abuso sexual a las que han sido sujetas. Una de ellas avienta una estadística: 2 de cada 3 mujeres serán sujetas a este tipo de abusos antes de cumplir los 21 años. La estadística es del Reino Unido.

La ONU nos dice que el 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física o sexual y yo les digo que esta cifra es sumamente baja porque no todos los casos se denuncian. Más bien es raro el caso que si se denuncia. Según una encuesta del INEGI del 2016 el 66.1% de las mujeres mexicanas mayores de 18 años han sufrido algún tipo de agresión física, psicológica o sexual y solo el 9.45% de ellas realizó una denuncia. Esas son las cifras “oficiales” que tenemos pero yo las invito a que hagan el siguiente ejercicio: alguna vez cuando estén reunidas con un grupo grande de mujeres en un ambiente de confianza lancen la pregunta de si en alguna ocasión alguien de ellas ha sufrido algún tipo de abuso sexual, después permitan que hablen y horrorícense ante el resultado, absolutamente TODAS, si, TODAS tendrán mínimo una historia que contar. Este ejercicio yo misma lo he hecho con grupos grandes de mujeres (20 o más) y el resultado ha sido el mismo cada vez.

Aquí tuve que detener el episodio y hablar con M de esto. Le dije que es chistoso como todas las mujeres (o casi todas pues, antes de que llegue un sabelotodo a corregirme pero por el amor de Dios, para efectos prácticos hablemos de números duros, de estadística, de mayoría) hemos sufrido algún abuso sexual pero da la casualidad que ningún hombre conoce a algún abusador o es un abusador…raro, ¿no?

Y es que entre los hombres parece haber un código no escrito de complicidad, de contubernio, de taparse entre unos y otros sus fechorías, de jamás mencionarlas y esto señores, TIENE que cambiar y no depende de nosotras las mujeres hacerlo sino de USTEDES finalmente levantar la voz y hacerles ver a sus congéneres que eso que tienen tan normalizado no está nada bien. “Call them on their bullshit” dirían los gringos.

La masculinidad es la fuente de todos nuestros pesares, tanto de hombres como de mujeres. Si, ustedes mismos son esclavos de eso que defienden con uñas y dientes y que como sociedad no nos está llevando a un buen camino.

Yo, soy fan de los hombres que lloran, de los que son capaces de hablar de sus sentimientos, de los que no hacen como que nada está pasando. Si voy al cine y un hombre llora con la película me siento aliviada, si le envío un video lindo y me confiesa que lloró me da una alegría inmensa, ¿por qué?, porque sé que al menos algo de todo ese vapor que trae dentro está saliendo por medio de las lágrimas, por medio de una conversación profunda, por medio de reconocer que son HUMANOS, que sienten, que hay cosas que les duelen, que hay cosas que les pueden muchísimo más de lo que les gusta admitir.

Le decía a M. que yo he llorado con mis amigas en incontables lugares, en medio de un restaurante, en una plaza comercial, en un café, ¡en donde sea! No tenemos el menor reparo ni la menor pena de soltar la lagrima porque sabemos que eso nos sana, nos libera, nos permite respirar y avanzar. No me puedo imaginar lo que debe de ser vivir conteniéndose de manera diaria, haciéndose el fuerte, siendo una olla de presión que explota de la manera más violenta, en el momento menos oportuno contra quien menos responsabilidad tiene de la situación.

Los hombres tienen que comenzar a relacionarse de maneras diferentes, por el bien de todos. M hace tiempo pasó por un momento muy duro, claramente estaba sufriendo y absolutamente ninguno de sus amigos hombres se sentó a hablar con él, a preguntarle cómo se sentía, a asegurarse de que sobreviviera esos días tan difíciles. ¿Cómo es posible?, ¿de qué están hechos?

Los 49ers llegaron a la final del superbowl, es el equipo favorito de mi Ex pareja, se lo que significaba para él ese evento (aunque siendo honesta, jamás comprendí la adoración y el hecho de que algo que no depende de ti te alegre el día o te lo haga miserable, pero bueno). Total que yo sabía que podría ser un excelente día para él o un muy muy mal día. Bueno, pues perdieron. Muchos amigos de mi Ex se reunieron para convivir y ver el juego y pues resulta que mi Ex tuvo que salir casi huyendo del lugar porque conforme su equipo se quedaba atrás las burlas y el hostigamiento iban creciendo. ¿Neta? No me puedo imaginar un solo evento en donde nos reunamos un grupo de mujeres en el que alguna de las partes reunidas “pierda” y que la reacción de las demás sea burlarnos, amedrentar, bullear, o sea, ¡por favor! ¿Dónde chingados esta la compasión, el hacer sentir mejor al otro que está pasando por un mal momento?

 Las cosas tiene que cambiar y el cambio debe de venir como siempre, de manera interna. Las mujeres no podemos cambiar la masculinidad, son los hombres quienes tienen que cuestionarse sus formas.

Como parte del grupo afectado tengo un par de sugerencias para aquellos hombres que quieren pasar del “Yo no soy abusador” a la acción:

1-Sientate y escucha. Punto. No escuches para responder, no respondas diciendo: “pero yo no, no todos los hombres, yo conozco a una mujer que abuso de no sé quién”… sssshhhhhhh. Simplemente escucha y comprende que jamás te va a tocar vivir lo que vive una mujer que es abusada, porque simplemente…pues no eres mujer. Sencillo.

Cuando un grupo vulnerable expone sus pesares a los que no somos parte de ese grupo nos toca quedarnos callados y escuchar. Si los indígenas hablan de sus necesidades y nosotros no somos parte de ese sector de la población nos callamos y escuchamos. Si las personas de color hablan de como sufren discriminación y nosotros no somos parte de ese grupo étnico entonces por favor, guardamos un respetuoso silencio y no corremos a anular sus experiencias por la sencilla razón de que jamás las hemos vivido por lo tanto no tenemos derecho de negarlas o minimizarlas.

Ahora bien, si ya eres de esas maravillosas personas que cumplen con el paso 1, entonces hay algo más que puedes hacer:

2-Utiliza tu privilegio para ayudar a ese grupo vulnerable, como puedas.  Hay muchas maneras de hacer esto. Una de ellas es aclararle a tus congéneres que tú ya no eres un cómplice silencioso de la masculinidad. Ahora bien, necesito decirte que eso va a tener un precio. ¿Estás dispuesto a pagarlo?

A M lo metieron a un grupo de whatsapp hace tiempo. Era un grupo donde se pasaban videos porno, memes que denigraban a mujeres, etc. En cuanto lo metieron y vio de qué iba el grupo, se salió. Me lo contó. Le pregunte si les había dicho algo antes de salirse y me dijo que no. “¡Chin! – pensé - diles algo”. Lo volvieron a mater y se volvió a salir rápidamente. Uno de los integrantes lo contacto para ver que estaba pasando, por qué se estaba saliendo, no haya sido un error de dedo, ¿verdad? (Verán, los hombres no pueden creer que haya hombres que no quieren formar parte de esas chingaderas) M le explico que no quería ser parte de un grupo donde se trataba a las mujeres de esa manera. “Ok” fue la respuesta pero pues el precio fue el ostracismo y probablemente la burla a sus espaldas.  M ya sabe que cada que señala conductas machistas entre sus hombres conocidos va a tener que pagar el precio de: echarse una mega discusión, que se burlen de él, que le digan “gay”, que hablen a sus espaldas, incluso que nadie quiera comer con él. Lo sabe y de todas maneras no se detiene porque señores, el precio que ustedes pagan por señalar actitudes machistas a sus congéneres es MUY bajo. Ustedes lo pagan con rechazo, nosotras lo pagamos con la vida.

Por cierto, volviendo al inicio de la historia quien estaba haciendo “slut shaming” a la maestra era un ALUMNO que pensó que al usar un labial para las pintas obviamente nadie iba a sospechar de un hombre. Después de que se descubre que es ÉL el culpable, él le dice que todo esto lo hace porque la ama y ella no le corresponde.

Y así las cosas.


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Patricia Garcés

Reynosense. Licenciada en comercio internacional. Madre. #HomeSchoolMom. Sí, soy una de "esas feministas". Molestando a la humanidad desde 1976. Me gustan los perros. Nueva Karen por culpa de Ginger.

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